El hundimiento del muelle puede retrasar las obras 2 años
Seis meses han tardado los expertos llamados por la Autoridad Portuaria de Barcelona (APB) en encontrar una explicación técnica solvente al espectacular hundimiento de 600 metros del futuro muelle Prat ocurrido el pasado 1 de enero. Un fenómeno físico poco conocido que licua la tierra con la que se rellena el espacio ganado al agua empujó y deslizó hacia el mar 16 cajones de hormigón, grandes como edificios de seis plantas, que forman la línea del muelle. El presidente del puerto, Jordi Valls, dijo ayer al presentar el estudio, que el accidente retrasará dos años la explanada de contenedores que debía acabarse en el 2008.
El comisionado para las obras de ampliación, José Luis Estrada, apuntó tres posibles causas para que se produzca la licuefacción: la inestabilidad de los diques interiores de separación de los sectores del muelle que se están desecando, la gran presión con que se inyecta el material de relleno o la presencia de gas en estas tierras que se obtienen del dragado del propio puerto.
INTEGRIDAD DEL TERRENO
Valls insistió en algo que cree fundamental: el fallo no puede atribuirse al terreno ya que la banqueta sobre la que se asienta el muro del muelle está intacta. Esto le llevó a decir que “la ampliación del puerto no está en cuestión”. También reveló que comparecerá en el Parlament para explicar lo sucedido tras aceptar su petición el conseller de Obres Públiques.
En cualquier caso, la reparación del desaguisado costará 40 millones, dinero que la APB no sabe aún si podrá exigir a la constructora. En el capítulo de responsabilidades Estrada solo dijo que “la licuefacción es un fenómeno inédito en España” y que “la decisión del director de obra fue correcta en su momento”.
La APB negocia los posibles perjuicios y compensaciones con la multinacional Hutchinson, que se adjudicó por 30 años la futura terminal. Valls anunció que en abril del 2008 se le entregaría el 50%; a final de ese año, otro 20% y el resto, en el 2010.
Para garantizar las obras a partir de ahora se harán, entre otras cosas, “controles exhaustivos de todos las acciones”, se protegerán los cajones desde el interior del dique para “mejorar la presión que efectúa el material de relleno” y se evitará que este supere la altura de los bloques.






