La nueva vía solo para trenes de mercancías construida entre Can Tunis/Morrot y el nudo de Castellbisbal (Vallès Occidental) ha dado un respiro a 20 ciudades de la región metropolitana de Barcelona y a dos líneas de Cercanías. El primer balance sobre el uso del ramal realizado por el gestor de infraestructuras Adif revela que L’Hospitalet, de forma muy especial, y las principales poblaciones del Baix Llobregat y del Garraf por donde discurren la C-2 y la C-4 se han librado del paso de un total de 4.500 convoyes de carga desde que en febrero se puso en servicio la obra.
El desvío diario por la nueva ruta de una media de 40 de estos largos y lentos trenes ha permitido aumentar la regularidad y la capacidad del servicio de Cercanías y de media distancia de Renfe. Algo que buena falta les hace a la operadora y a Adif, que desde el pasado año registran una interminable lista de incidencias y averías de todo tipo.
CUELLO DE BOTELLA
El efecto de sacar de las vías de pasajeros el tráfico de mercancías con origen o destino en el puerto de Barcelona se ha notado especialmente en la zona de Bellvitge y el Gornal, en L’Hospitalet, donde la confluencia de las líneas de Vilanova (C-2) y Vilafranca (C-4) forman un cuello de botella hasta la estación de Sants.
Por este corredor circulan cada día más de 700 trenes con el agravante, además, de que a pocos metros se realizan a toda velocidad las obras de la nueva línea del AVE. En esta situación, cualquier medida que disminuya la presión que soportan las vías mejora el servicio. Y no solo en el tráfico de Cercanías por Cornellà, Sant Joan Despí, Sant Feliu, Molins de Rei y El Papiol, por el norte y El Prat, Viladecans, Gavà, Castelldefels, Sitges, Vilanova y Calafell, por el sur, sino también en el tránsito de los propios operadores de mercancías que sitúan su carga con más facilidad en el corredor del Vallès hacia Francia.
Además, según han explicado expertos en transporte ferroviario, los trenes de mercancías tienen muchas más incidencias y averías que el resto y la resolución de estos problemas requiere más tiempo y más medios, lo que hace aumentar de forma notable su impacto en la red. Ante esta realidad, retirar del sobrecargado flujo ferroviario unas decenas de trenes al día tiene efectos importantes.
El plan de mejora urgente de Cercanías iniciado en el 2006 ha permitido doblar hasta este mes de mayo el número de vagones del 93% de los trenes de la línea C-2 y del 67% de la C-4. El objetivo es conseguir que este incremento de la capacidad de transporte llegue a todos los convoyes a final de año, según ha explicado el director de Cercanías, Miguel Ángel Remacha. Asimismo, en el caso de la C-4, Renfe estudia aumentar la frecuencia de paso en las horas punta para alcanzar los 30.000 viajeros diarios en Cornellà, Sant Joan Despí, Sant Feliu y Molins de Rei.
VÍAS DE TRES RAÍLES
El ramal Can Tunis-Castellbisbal tiene una longitud de 17,5 kilómetros, de los que 12 transcurren en paralelo a las vías del AVE entre Sant Joan Despí y el nudo del Vallès. El trazado sigue el curso del Llobregat, río que cruza tres veces con viaductos que suman 1,6 kilómetros de largo, hasta llegar al término municipal de L’Hospitalet. Aquí gira al este en dirección a la terminal de Can Tunis, donde llega tras cruzar un falso túnel de 1,4 kilómetros.
El nuevo tramo tiene dos vías de tres raíles cada una para que pueden circular por ellas tanto los trenes de ancho ibérico como los de ancho internacional. El ramal conectará, además, con el acceso ferroviario a la futura ampliación del puerto por el antiguo lecho del Llobregat, una obra cuyo proyecto el Ministerio de Fomento está tramitando desde hace más de un año.






