PDF con los últimos rascacielos
Modesto, sin pretensiones y adecuado a su entorno mediterráneo pero, poco a poco, Barcelona va configurando un pequeño paisaje de rascacielos que sobresalen sobre el plano de la ciudad. Ya no se trata, pues, de pequeñas torres solitarias que rompían el monótono horizonte. La apuesta de la ciudad por el Levante, a contracorriente, ha tenido varios costes. Uno de imagen, ya que las críticas han arreciado sobre cómo se han urbanizado los terrenos cercanos al Besòs, y otro económico: el nuevo skyline ha costado 1.501 millones de euros.
No es, ni mucho menos, una barbaridad. Baste como ejemplo recordar que el skyline de Londres ha costado 9.000 millones de euros. Solo con los 1.500 millones de euros que en los 90 se pagaron para levantar el One Canada Square, en Canary Wharf—la antigua y degradada zona de muelles del Támesis convertida ahora en el verdadero centro económico de la capital británica, es decir, como la zona del Fòrum pero a lo grande—daría para cubrir los costes de todo el implante en altura barcelonés.
DESEMBARCO ANGLOSAJÓN
El único edificio de Barcelona que se acerca a los parámetros londinenses es el Hotel Arts, la construcción más alta (junto con su gemela de la Torre Mapfre) y cara de la ciudad. 360 millones costó su construcción. Sin embargo, para llegar a esta cifra, se tuvieron que hacer las cosas más que mal. Comprado por un hotelero norteamericano y con proyecto de Skidmore, Owings & Merrill—la firma de arquitectos norteamericana con más de 500 edificios construidos, entre ellos, la torre Sears de Chicago—la forma de levantarlo fue poco menos que colonial, con desembarco, incluso, de 3.000 operarios anglosajones. El fracaso fue sonado. No se llegó a tiempo para los Juegos y no fue inaugurado completamente hasta varios meses después.
CAMBIO DE ORIENTACIÓN
Los Juegos Olímpicos supusieron un cambio en la tendencia natural de crecimiento de la ciudad, que hasta entonces había cogido la dirección oeste. La city catalana, nacida al lado del mar, se desplazó primero a la Diagonal, en la parte del Eixample, y, después, dio el salto al otro lado de la plaza de Francesc Macià. Algunos rascacielos, situados como hitos en medio de la trama urbana, dan fe de ello: la torre Colón (de 1969 y 110 metros de altura), el Banco Atlántico (de 1971 y 83 metros) y el complejo de La Caixa (con una torre principal de 85 metros, de 1974).
Pero el crecimiento definitivo se dio de cara al ahora olvidado por todos Fòrum 2004. La reforma, aún en marcha, de las más de 200 hectáreas de terreno fronterizo con Sant Adrià de Besòs permitieron, por fin, dar altura al perfil de la ciudad.
CRÍTICAS A DIAGONAL MAR
Lo que en otro tiempo fue el patio trasero de la ciudad, donde la depuradora del Besòs y la incineradora de residuos no permitían crecer la hierba, fue el lugar escogido para acometer un nuevo tipo de urbanismo, en altura. La apuesta ha merecido grandes críticas, sobre todo, por haber dejado las viviendas—Diagonal Mar—en manos de promotores privados.
Con todo, ¿son rascacielos lo que se construye en Barcelona? Si se entiende por tal un edificio que destaca de los que lo rodean, sin duda. Si uno se acoge a la definición más tradicional—edificio de más de 13 plantas—, también. Pero en un mundo en que se abordan proyectos de edificios de 500 (como el Taipei 101), 600 y 800 metros (la Torre Burj Dubai, en los Emiratos Árabes, en construcción) ya son muchos los que apuntan que rascacielos-rascacielos solo es aquel edificio que supera los 500 pies de altura. Es decir, los 152 metros. Con ese criterio, Barcelona solo tiene dos. Y pelados.
El municipio de Barcelona, sabido es, tiene unos límites físicos muy precisos que lo constriñen. Mar, montaña y dos ríos. La ciudad, además, parece haberse autoimpuesto el único límite que le faltaba, la altura. Ningún edificio puede superar los 160 metros de la Sagrada Família. Así, el Hotel Arts y la Torre Mapfre (154 metros ambas) parecen destinados a ser durante mucho tiempo los edificios más altos de Barcelona. Pero el resto de ciudades españolas no se duermen. Madrid y Benidorm ya superan a las gemelas de la Vila Olímpica. Bilbao construye desde marzo otro hito arquitectónico y Málaga y Sevilla han presentado torres que superan a las de Barcelona.
El caso más parecido al barcelonés es el de Sevilla. Los 98 metros de altura de la Giralda suponían un techo imposible de romper. La extensión de la ciudad, gracias a la Expo 92, ha permitido a los sevillanos buscar un solar lo suficientemente lejos del monumento, donde no hacerle sombra, y poder así hacer añicos su récord. César Pelli ha diseñado una torre (Puerta de Triana) de 182 metros de altura que estará emplazado en la isla de La Cartuja.
VALENCIA, A TODO GAS
Con todo el edificio más alto de España, y también el segundo y el séptimo, se hallarán en Valencia si, finalmente, se lleva a cabo el proyecto que el arquitecto e ingeniero Santiago Calatrava ha preparado para la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Tres torres, de 308, 266 y 220 metros, con todos los usos posibles: oficinas, hoteles y viviendas. Los edificios llevan los nombres de las provincias de la Comunidad Valenciana, aunque el orden no parece seguir la importancia de ellas. Así, Torre Alicante no es, como cabría esperar, la segunda de las construcciones sino la tercera, por detrás de Castellón.
MADRID ARENA
El otro polo, ya muy avanzado, de hermanas mayores de las torres barcelonesas es el llamado Madrid Arena, pomposo nombre con el que se conocen los cuatro rascacielos que se levantan en lo que un día fue la ciudad deportiva del Real Madrid. Sus alturas oscilarán entre los 250 metros de la Torre Repsol y los 223 de la Torre Espacio.
Mientras, Barcelona parece adherirse a aquello de que el tamaño no importa y prepara un espectacular edificio, el de Frank Gehry en la Sagrera que, sin embargo, en cuanto a altura, será parecido a lo ya edificado: 148 metros, seis menos que las gemelas y cuatro metros más que la Torre Agbar.






