Nuevos ProyectosAugust 23, 2006 9:06 am
Restauración de la Fachada de la Estación del Nord
La fachada de la estación del Nord, de estilo modernista tardío y original de 1910, vivirá a partir del próximo mes una restauración íntegra que tiene como objetivo frenar el avanzado estado de deterioro en el que se encuentra. El proyecto, impulsado por el distrito del Eixample, se ha elaborado de forma conjunta con la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), ante la importancia histórica y la complejidad del mismo.
La antigua estación de tren, cuya fachada combina elementos de piedra, hierro y vidrio, vivió una primera renovación parcial con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, coincidiendo con la reconversión de buena parte del recinto en un centro polideportivo. El edificio acoge también una comisaría de la Guardia Urbana y las dependencias administrativas y de servicios de la actual estación de autobuses.
Las obras realizadas antes de los Juegos eran de carácter provisional y la fachada estaba pendiente desde entonces de abordar la restauración íntegra, al igual que ha sucedido con otras instalaciones de la época, como el Estadi Olímpic de Montjuïc.
DOBLE FACHADA
El proyecto, diseñado y dirigido por el arquitecto Jordi Maristany, tiene un presupuesto de 1.500.000 euros y está dividido en dos fases, ya que el conjunto presenta una doble fachada. La primera es la principal, unida por la cubierta del antiguo vestíbulo con una segunda posterior, más pequeña y ubicada a idéntica altura, por lo que no se puede ver desde la calle.
El distrito del Eixample, que ha encargado los trabajos a una empresa especializada en restauraciones, espera poder culminar la primera fase en febrero del 2007, lo que permitiría ver ya la nueva imagen exterior de la estación. La segunda acabará en otoño del año que viene.
"Se trata de un edificio singular y de gran valor histórico para la ciudad, por lo que ha requerido de un proyecto específico, diferente al de otras obras", señaló un portavoz municipal para explicar el convenio de colaboración firmado con la UPC.
La restauración mantendrá intacta la estructura original, sin introducir modificaciones. La limpieza y la sustitución de elementos degradados por otros nuevos se deberá realizar por secciones y, en algunos casos, pieza por pieza.
Varias piezas ornamentales del conjunto se desmontarán para poder trabajar mejor con ellas y, posteriormente, volverán a su lugar de origen, lo que evidencia la complejidad de los trabajos.
CORROSIÓN DEL AGUA
Las partes más castigadas son las construidas con hierro, a causa de la corrosión provocado por el efecto del agua durante casi un siglo. Destacan en este punto los roblones que ayudan a unir las vigas metálicas entre sí y que, en algunos casos, se han desprendido por el óxido.
Las zonas en las que se usó piedra, buena parte de ella de poca calidad, están también afectadas y la capa de pintura que se aplicó antes de los Juegos Olímpicos se ha levantado en numerosos puntos, tal y como indica el estudio de la UPC. Ello obligará a quitarla y repetir la operación con más garantías.
La antigua estación de tren, cuya fachada combina elementos de piedra, hierro y vidrio, vivió una primera renovación parcial con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, coincidiendo con la reconversión de buena parte del recinto en un centro polideportivo. El edificio acoge también una comisaría de la Guardia Urbana y las dependencias administrativas y de servicios de la actual estación de autobuses.
Las obras realizadas antes de los Juegos eran de carácter provisional y la fachada estaba pendiente desde entonces de abordar la restauración íntegra, al igual que ha sucedido con otras instalaciones de la época, como el Estadi Olímpic de Montjuïc.
DOBLE FACHADA
El proyecto, diseñado y dirigido por el arquitecto Jordi Maristany, tiene un presupuesto de 1.500.000 euros y está dividido en dos fases, ya que el conjunto presenta una doble fachada. La primera es la principal, unida por la cubierta del antiguo vestíbulo con una segunda posterior, más pequeña y ubicada a idéntica altura, por lo que no se puede ver desde la calle.
El distrito del Eixample, que ha encargado los trabajos a una empresa especializada en restauraciones, espera poder culminar la primera fase en febrero del 2007, lo que permitiría ver ya la nueva imagen exterior de la estación. La segunda acabará en otoño del año que viene.
"Se trata de un edificio singular y de gran valor histórico para la ciudad, por lo que ha requerido de un proyecto específico, diferente al de otras obras", señaló un portavoz municipal para explicar el convenio de colaboración firmado con la UPC.
La restauración mantendrá intacta la estructura original, sin introducir modificaciones. La limpieza y la sustitución de elementos degradados por otros nuevos se deberá realizar por secciones y, en algunos casos, pieza por pieza.
Varias piezas ornamentales del conjunto se desmontarán para poder trabajar mejor con ellas y, posteriormente, volverán a su lugar de origen, lo que evidencia la complejidad de los trabajos.
CORROSIÓN DEL AGUA
Las partes más castigadas son las construidas con hierro, a causa de la corrosión provocado por el efecto del agua durante casi un siglo. Destacan en este punto los roblones que ayudan a unir las vigas metálicas entre sí y que, en algunos casos, se han desprendido por el óxido.
Las zonas en las que se usó piedra, buena parte de ella de poca calidad, están también afectadas y la capa de pintura que se aplicó antes de los Juegos Olímpicos se ha levantado en numerosos puntos, tal y como indica el estudio de la UPC. Ello obligará a quitarla y repetir la operación con más garantías.






